martas coeur

Camiseta con mensaje: “Soyez gentils avec nous les animaux”

Con esta camiseta, con el toro como protagonista, se pretende transmitir que una sociedad “también animalista” es éticamente superior a una humanitaria, en la medida que virtudes como la solidaridad, compasión y empatía estarían más extendidas, tendría más beneficiarios y haría disminuir el sufrimiento global.

El trato que se da a los toros, en todas las modalidades de espectáculos legales, es una realidad a la que sobran razones para ser condenada, recurriendo a aspectos tan elementales como la agresión gratuita.

En un escenario ocupado por el arte, palabra mágica, con la que se pretende legitimar situaciones letales para animales inocentes, y la violencia gratuita, no deberíamos dudar en sacrificar el primero, para así evitar el segundo, y es lo que debería reclamar la sociedad, con los poderes públicos a la cabeza.

La cuestión de fondo consiste en saber discernir entre las causas del evento y las consecuencias que se derivan de éste. Y en lo referente a las corridas de toros, correbous, embolados, etc es evidente, desde una realidad objetiva, que al animal se le causa un daño irreparable. El toro es un mamífero con abundantes ramificaciones nerviosas, causándole sin duda, un dolor atroz, físico y mental.

Lo siniestro del caso, es que, para perpetuar una tradición, como la tauromaquia, recrear una estética y otras cosas rimbombantes, se sacrifica una vida sin el menor reparo, remordimiento, ni compasión y con agravante ensañamiento, antes y en la corrida.

El ternero siendo joven y con dependencia emocional de la madre, es llevado a una plaza y se le acosa desde un caballo, incluyendo la pica, provocándole heridas sangrantes, objetivo: medir la capacidad de respuesta y destinarlo a un espectáculo u otro.

Este y otros hechos, como separarlo de las hembras, revelan que tampoco hay nada de altruista al estilo de vida antes de secuestrarlos de su casa (dehesa), arrancarles de su familia, trasladarlos a cientos o miles de kilómetros y someterlos a linchamiento público hasta la muerte (incluyendo el afeitado, sustancias irritantes en las patas, vaselina en los ojos, inyección de sustancias, golpes en los testículos, para facilitar, de forma estudiada y planificada, el espectáculo)

Por otra parte, los toros que se lidian no constituyen ninguna especie biológica, los toros de lidia son toros por su naturaleza bóvida y de lidia porque los empleamos para ese fin concreto, el tema no da más de sí.

La ideología animalista se nutre de ética y de justicia, y no tanto de emociones fáciles, por lo que el movimiento antitaurino asume su desaparición, cuando la única alternativa es que sean torturados. La dehesas pueden existir sin toros y los toros sin dehesas, aunque toros y dehesas podrían coexistir a través de proyectos sufragados por quienes estén interesados, es decir, los ex ya aficionados, por su supervivencia y seguro colaboraría el sector animalista. Sería un colofón extraordinario!

No olvidemos los caballos de picar, cuyo trato es simplemente brutal, una canallada más de la cruda realidad de la tauromaquia, por encima de la música del pasodoble, los movimientos acompasados del maestro, y el griterío del público, que, sea cual sea la causa que le ha llevado al evento, paga, para ver una realidad irrefutable: un animal sufrir.

Los toros que no sirven para ser lidiados, desecho de la industria taurina, por sus características, se les emplea tantas veces como sea posible, en los espectáculos con vaquillas e infinitas variantes, para darles una salida rentable. Se trata de herbívoros, de naturaleza pacífica y huidiza, sometidos a una angustia extrema.

Con todo, se refleja la idea de propiedad que hemos desarrollado hacia los toros y  los animales en general, al punto de reservarnos el derecho de disponer de su bienestar y de su vida con absoluta impunidad.

El único delito de nuestro protagonista “el toro” es haber nacido en la especie y en la sociedad equivocadas.

(fuente: Tú también eres un animal – Kepa Tamames)